o La visión del vacío

enero 10, 2008 en 2:12 pm | Publicado en General | Deja un comentario

Si me he detenido tan largo tiempo en esta película, que en cierto sentido es una especie de preestreno, es porque la comparación con el seppuku del propio Mishima nos permite definir mejor la distancia que hay entre la perfección del arte, que muestra lo esencial, en una sombría o clara luz de eternidad, y la vida con sus incongruencias, sus fallos, sus equívocos desconcertantes, debidos sin duda a nuestra incapacidad de llegar, en el momento necesario, hasta el interior de los seres y al fondo de las cosas, pero también, y por la misma razón, a esa incalculable exrtrañeza de la vida “en crudo”, que podríamos llamar, con una palabra ya gastada, existencial. Como en El Evangelio según San Mateo de Pasolini, donde el judas que corre hacia su muerte ya no es un hombre, sino un torbellino, de estos últimos momentos de la vida de Mishima se desprende el olor de ozono de la energía pura.

(…)

Y ahora, reservada para el final, la última imagen y la más traumatizante; tan impresionante que ha sido reproducida muy pocas veces. Dos cabezas sobre la alfombra, probablemente acrílica, del despacho del general, colocadas la una junto a la otra, casi tocándose, como dos bolos. Dos cabezas, dos bolas inertes, dos cerebros que ya no irriga la sangre, dos ordenadores detenidos en su tarea, que ya no seleccionan, que ya no descifran el perpetuo flujo de las imágenes, de impresiones, de incitaciones y de respuestas que pasan cada día por millones a través de un ser, para formar todas juntas lo que se llama la vida del espíritu, e incluso la de los sentidos, y que motivan y dirigen los movimientos del resto del cuerpo. Dos cabezas cortadas, idas a otros mundos donde reina otra ley, que producen, cuando se las contempla, más estupor que espanto. En su presencia, los juicios de valor morales, políticos o estéticos son, momentáneamente al menos, reducidos al silencio. La noción que impone es más desconcertante y más sencilla: entre las miríadas de cosas que existen y que han existido, esas dos cabezas han existido; existen. Lo que llena sus ojos sin mirada ya no es la bandera desplegada de las protestas políticas, ni ninguna otra imagen intelectual o carnal, ni siquiera el Vacío que Honda había contemplado y que de pronto sólo parece un concepto o un símbolo que continúa siendo, en resumidas cuentas, demasiado humano. Dos objetos, restos ya casi inorgánicos de estructuras destruidas y que luego, una vez pasados por el fuego, sólo serán residuos minerales y cenizas; ni siquiera temas de meditación, porque nos faltan datos para meditar sobre ellos. Dos restos de un naufragio, arrastrados por el Río de la Acción, que la inmensa ola ha dejado por un momento en seco, sobre la arena, para volver a llevárselos después.

Marguerite Yourcenar sobre Mishima.

Primera Pesadilla: ella no era pulgarcita.

enero 6, 2008 en 7:31 pm | Publicado en General | 4 comentarios

vision de lana

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